Por Juan Mosquera Restrepo
Es noche. La ciudad ya se ha encendido afuera como libélulas en un prado interminable. Adentro, en el teatro, bajan luces, pero no disminuye el brillo en los ojos de chicos, estudiantes todos, que asisten por primera vez a un concierto de la filarmónica. Primera vez en un concierto para tantos. Primera vez este teatro para todos. Por primera vez tantas primeras veces juntas en la vida de muchos de ellos, los estudiantes de Nueva Paideia, un colegio excepcional entre las montañas del suroeste antioqueño en el municipio de La Pintada. Debut. Identidad es la palabra que marca la noche. Hoy también es el debut de la maestra Ana María Patiño-Osorio como directora titular de la Filarmed. El repertorio es una declaración de principios: Fanfarria para la mujer poco común, de Joan Tower, abre la noche; la partitura de Río abajo, de Juan David Osorio, marca la ruta; Gustav Mahler revitaliza con su Sinfonía n° 1 un recital que cumple lo que promete: ser inolvidable.
No sólo para los chicos.
Entonces escribieron:
Mirada |La naturalidad de la mirada buscando identidad como sus manos ligeras como el aire, precisas y directas, una mujer poco común se conspira con el viento, la cuerda se rompe, el silencio se convierte en voz como la nota falsa.
Disfrute | Cada partitura alineaba mi corazón, el disfrute de esta percusión me arrullaba con sus hermosos toques, estas piedras.
Líneas | Música que pasa por mis ojos y mi mente como líneas llenas de historia y sentimientos, cada una con diferente forma, ritmo, color y delicadez para atravesar mi corazón.
Un buen hombre dijo alguna vez: “todo lugar es escuela bajo el sol” y este concierto ha sido una clase maestra y magistral. He visto a los chicos con lágrimas en la mirada, tomados de la mano algunos, como en trance otros. A la mañana siguiente me encontré con ellos durante unas horas a buscar palabras donde antes estuvo la música. El cruce exacto es poesía. Las primeras palabras que resumían la noche fueron estas: tacones, mirada, inmanente, líneas, sentimiento, libélula, sentimientos, armonía, ataraxia, aura, disfrute, deseo, pasión, asombro, luz…
Entonces escribieron:
Armonía | Es la paz interior, mi alma danzaba con el violín, el mundo con la percusión, de armonía se llenó mi corazón, el poder de sentir lo mínimo y conectar con todo, ese lugar maravilloso era el teatro.
Libélula | Sentí mi alma lejana a mi cuerpo cuando los violinistas asemejaban alas de libélulas al tocar los violines.
Tacones. Dijeron tacones. Ninguno pasó por alto que la noche fue debut y despedida. La despedida de Sandra Gómez, percusionista que murió hace poco, tuvo un homenaje hermoso en manos de su amiga más cercana quien caminó el escenario acompañando al silencio con sus tacones con flores en sus manos que se quedaron sobre la marimba. En pétalos la ausencia marcó cada movimiento en la orquesta y la audiencia.
Entonces escribieron:
Tacones | Sus tacones resonaron más fuerte que toda la orquesta, golpearon mi corazón más que el tambor y nos dio su último solo esta noche.
Aura | Al ingresar al teatro de inmediato sentí un mar de emociones por la hermosura y aura que se transmite, sentí impresión, gratitud y asombro por estar frente a esta sinfonía.
Jugamos. Después de los poemas y la conversación apuramos textos que se llevaron consigo para el pueblo de cada uno. Es que los chicos viajaron desde sus pueblos suroeste adentro a esta aventura en capital que no van a olvidar. Se llevaron sus textos para que maduren las palabras, como sucede con los buenos frutos, y en el salón de clases nos organizamos -de pie- como las familias de instrumentos que empezaron a conocer para componer un poema entre las voces de todos, de todas. Jugamos, también, a dirigir esta orquesta poética que hizo variaciones sobre un poema breve recién escrito como una cantata. La emoción de aprender nos recordó algo: el amor es un verbo y hay que conjugarlo.
Entonces escribí:
DEBUT
Ayer
debut y despedida
en la marimba la ausencia
en la partitura la vida
en la batuta la luna
apenas presentida
una noche en que la directora
dirigió su vez primera
veintinueve sonrisas
como
veintitrés formas
de atravesar la noche
y el asombro
hasta el próximo concierto.
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