La música cuenta historias

1996

“Llegará un instrumento a la ciudad muy exótico y que casi nadie conoce” decía el profesor Wilson Berrío a sus alumnos de la Escuela de Música de Belén Rincón, ubicada en la Comuna 16 de Medellín. “Es muy difícil de tocar, requiere mucho estudio y esfuerzo”, continuaba explicando el profesor, a quien algunos jóvenes estudiantes no ponían atención, ni buena cara.

Juan Fernando Muñoz, contaba con nueve años de edad y aunque poseía un clarinete, quería asumir ese reto del que hablaba con insistencia el docente. Pero Juan no era el único, una de sus compañeras miraba con atención a Wilson, seguro también la había cautivado el instrumento del que se presumía. El profesor al no saber qué hacer, les dijo a sus dos alumnos que debía asignarlo a la suerte, y la mejor opción fue un cara y sello.

“Viajábamos en un bus, y el profesor tiró la moneda sobre sus manos. ¡Sorpresa! En un frenazo del conductor la moneda cae al suelo y recorre todo el vehículo; corrimos todos los compañeros tras ella, para ver quien se había ganado el instrumento…y al final gané yo”, recuerda con emoción Juan Fernando, quien integra a Filarmed desde el año 2016, como asistente de oboe principal y corno inglés.

Juan Fernando creció en la música, y como casi todos los instrumentistas de la ciudad, inició sus estudios en la Red de Escuelas de Música de Medellín. Al principio quería saxofón, pero ya se habían agotado los cupos y por consiguiente le asignaron el clarinete, aunque lo practicó con mucho amor, la suerte y la vida lo destinaron al oboe. El oboe es un instrumento musical de la familia viento madera, de taladro cónico, cuyo sonido se emite mediante la vibración de una lengüeta doble que hace de conducto para el soplo de aire. Su timbre se caracteriza por una sonoridad penetrante, mordente y algo nasal, dulce, muy expresiva.

Más música y cañas de oboe

“Y de verdad que sí era difícil. Para aquel entonces era un instrumento muy raro, en la ciudad solo había dos, casi nadie lo conocía, siempre causaba curiosidad en las filas”, asegura Juan Fernando quien desde el primer día que usó el instrumento, sus manos se acomodaron perfectamente a él, incluso mejor que con el clarinete.

El instrumentista cuenta que el oboe se parece al clarinete, pero difieren técnicamente, especialmente por la caña. El clarinete usa una boquilla con caña simple, mientras que el oboe usa lengüeta doble para genera vibración y producir sonido.

Los oboístas profesionales crean sus propias cañas a su medida y preferencia. Además, le permiten al músico controlar factores como sonido y afinación con el instrumento.

Lo más complejo es acostumbrarse a la caña, no requiere tanto aire como por ejemplo sucede con la tuba; el oboe depende de la presión y velocidad del aire, incluso la temperatura, otra de las complejidades del instrumento es conseguir sus cañas. Se dice que una caña de oboe tiene un costo hasta seis veces más de lo que vale una para clarinete. “Y entonces me di cuenta que los oboístas son los que hacen sus propias cañas. Actualmente yo mismo las produzco, tanto para mí, como para mis alumnos con insumos importados desde Alemania y Francia”, explica Juan Fernando, quien posee la maquinaria necesaria para construir una caña y puede tardar hasta una hora y media en la fabricación.

Juan Fernando vive actualmente en el barrio San Pablo de Medellín, tiene 34 años de edad. Para él, a la hora de humanizar el oboe diría que es una persona temperamental, y algo bipolar, que puede aflorar sus más bellos sentimientos, pero de un momento a otro puede ser tosco y fuerte en carácter. Posee una personalidad amable, alegre y expresiva, inclusive es bastante elegante. Quizás algunas de estas características sean el reflejo de la personalidad del músico de esta historia. Cuenta que ha tenido cuatro oboes, actualmente posee uno que adquirió Filarmed.

“Además de emocionar, el papel de la música es unir. Hacer música es como sumergirse en el agua, es una sensación distinta, es pertenecer a un nuevo mundo…Lo que se plasma en la partitura me llega directo al corazón; es decir, si debo expresar tristeza, alegría u otro estado de ánimo, trato de contagiarme de todo esto para poderlo transmitir con música. Si uno no se apropia de lo que quiere expresar, la audiencia no lo va a entender”. Juan Fernando Muñoz, oboísta

¿Músico o abogado?

Antes de emprender sus estudios universitarios, Juan Fernando quiso tener acercamiento en el conservatorio; gracias a la Red fue enviado un par de meses a estudiar en Venezuela. A su regreso a Colombia, inició sus estudios de pregrado en la Universidad EAFIT y en la Universidad de Antioquia bajo la enseñanza de Paul Henry Fishler.

A los 16 años de edad tuvo una crisis de carrera, no sabía si realmente era lo que quería, decidió hacer una pausa y salió de la universidad. “Estuve un par de años reencontrándome, buscando si verdaderamente era lo que quería; pero siempre tuve el oboe en el corazón, salí de estudiar música y comencé a estudiar derecho, quería ser abogado penalista”.

Pero su pasión por el mundo del arte le ayudó a encontrar su verdadera vocación, ¡volver a la música! Desde entonces, ha sido oboísta invitado de la Orquesta Sinfónica de UNAB, además fue miembro de Orquesta Filarmónica Joven de Colombia, participando en su gira en Brasil bajo la tutoría de Frances Colón y la dirección de Andrés Orozco-Estrada. Entre 2013 y 2015 fue oboísta principal de la Banda Sinfónica de la Universidad de Antioquia. Ha tocado como solista con las orquestas Sinfónica Universidad EAFIT, Banda Sinfónica de la Universidad de Antioquia y Filarmed. Además, es profesor de oboe en Iberacademy y la Universidad EAFIT.

Enriquecer la vida de Filarmed

“La música te permite cercanía con muchos lugares y personas. En la Red tuve mi primer acercamiento internacional en las primeras giras por España e Italia, que me abrió nuevas puertas. Allá entendí que no es el que más estudia, sino el que estudia con inteligencia…”, enfatiza Juan Fernando.

En 2013 ganó la plaza de segundo oboe y corno inglés de la Orquesta Sinfónica de la Universidad EAFIT, en la que permaneció hasta 2016, año en el cual ganó la plaza de asistente de oboe principal y corno inglés de Filarmed.

En 2018 inició estudios en la Academia Nacional de Oboes y en 2019 terminó sus estudios de maestría en el Conservatori Liceu de Barcelona bajo la tutoría de Cesar Altur de los Mozos y Daniel Fuster.

Allí compartió experiencias con los integrantes de la Orquesta Sinfónica del Gran Teatro del Liceu; incluso hasta algunas presentaciones con varios colegas que poseían un talento increíble y de los cuales aprendió mucho musicalmente. “Llegué allá con una caña de un estilo y color que me gustaba, pero recuerdo una compañera muy talentosa que me abrió el mundo a otras posibilidades, me sugirió un nuevo estilo. Además, tuve la oportunidad de tocar con varias orquestas. Gané un concurso que me permitió trabajar con la Orquesta Sinfónica del Vallés”, recuerda el músico.

Para Juan Fernando interpretar la música tradicional de un territorio es una experiencia “increíble y enriquecedora”, te permite generar nuevos colores, sensaciones, enfrentar nuevos retos técnicos, incluso llegó a tocar flamenco y pasos dobles. También recuerda con emoción cuando fue músico invitado de la Orquesta Clásica Santa Cecilia, en la que tocó la pasión oratórica Pasión según San Mateo de J. S. Bach, ¡escrita para ser interpretada por solistas, coros y orquesta doble, por más de dos horas y media! Es la obra más extensa del compositor.

“Mi objetivo fue adquirir toda esa experiencia en Europa y perfeccionar mi técnica para traer de vuelta todo ese aprendizaje a Filarmed”, expresa el oboísta.

Estamos nominados a los Latin Grammys

El álbum “Tú Rockito Filarmónico” de la Orquesta Filarmónica de Medellín y Tú Rockcito ha sido nominado a los Latin Grammy 2021 en la Categoría Mejor Álbum de Música Latina para Niños.  El certamen de la premiación se llevará a cabo en Las Vegas, Estados Unidos, el 18 de noviembre de 2021. 
El disco reúne las más reconocidas obras de la banda de rock infantil, esta vez con arreglos para orquesta sinfónica. Fue grabado en vivo en un concierto virtual en 2020, y reúne el poder de la música y el juego. Se encuentra disponible en plataformas digitales.  

“Hoy celebramos con profunda alegría esta nominación. Es un reconocimiento a la gran banda Tú Rockcito, en una producción que se hizo en familia y con mucho amor con nuestra orquesta durante la pandemia. Además, es una apuesta de la Orquesta Filarmónica de Medellín para acercar a los niños a la música sinfónica”. María Catalina Prieto, directora ejecutiva.  

“Tú Rockcito Filarmónico” es una apuesta única, que reúne en una hermosa y entretenida producción el poder de la música y el juego. Los integrantes de Filarmed, las letras y música de Tú Rockcito, los arreglos increíbles de Jesús David Caro, la dirección de Juan Pablo Valencia, y la experiencia jugando y cantando de Tú Rockcito, hacen de este disco, una aventura inolvidable para grandes y chicos. 

“La producción de audio y video está dedicada a todos los niños del mundo, esos que con paciencia y resiliencia se han adaptado a las nuevas circunstancias que ofrece la vida y han dado especial valor al arte, las canciones, los conciertos hechos con amor. También está dedicado a los músicos, quienes, con su legado, su perseverancia y fuerza creativa, siguen inventando múltiples maneras de alimentar la humanidad y nutrir las almas. Nada como una canción para alegrar el alma; nada como la Orquesta Filarmónica de Medellín para avivar los sentidos”. Paula Ríos, vocalista y directora de Tú Rockcito 

Esta nueva nominación para Filarmed (la anterior había sido para el álbum Gardel Sinfónico con Ariel Ardit) muestra la versatilidad de una orquesta joven que disfruta ensamblarse con otros talentosos artistas de la música popular. 

Tú Rockito Filarmónico es una producción de Tú Rockcito y Filarmed, con el apoyo de Comfama para acercar el rock y la música sinfónica a los niños de Colombia y el mundo. 

 

 

Filarmed está en Palermo Cultural

Luego de muchos años de estar trabajando para compartir una sede en la que estén reunidos los músicos de la orquesta, el equipo administrativo y los docentes de nuestra línea educativa, hoy este anhelo de una sede para Filarmed se hace realidad. La orquesta habitará con sus oficinas, biblioteca de partituras y espacio de ensayos el antiguo Colegio Palermo de El Poblado.

En este espacio continuaremos avanzando en nuestro propósito de transformar con música la ciudad; con el valor adicional de estar compartiendo este lugar con otras entidades con las cuales esperamos unirnos para dinamizar el sector y fortalecer el ecosistema cultural. 

La Orquesta Filarmónica de Medellín, el Ballet Metropolitano de Medellín y Cantoalegre nos unimos para resignificar este espacio, que estamos seguros será uno de los símbolos urbanos más representativos de nuestra ciudad. En este espacio el Fondo Inmobiliario de Colombia hará un desarrollo urbanístico que seguirá transformando a Medellín: un lugar para que grandes y chicos vivan y vibren al unísono con los artistas, la naturaleza y los espacios pensados para el disfrute colectivo.

La cultura es uno de los principales ejes de transformación de los territorios. Por medio de ella se conectan voluntades, se construyen comunidades armónicas y seguras, y se dinamiza la economía.

“Nuestra orquesta es una familia de cerca de cien integrantes que durante treinta y ocho años se ha desarrollado sin tener una espacio compartido. A partir de hoy podemos decir que tenemos una casa, un estuche para la vida de una organización que cree firmemente en su labor transformadora. Es un privilegio hacer parte de una proyecto con un objeto compartido, que conjuga expresiones como futuro, renovación, cultura y transformación”. María Catalina Prieto, directora ejecutiva

¿Dónde está ubicado?

Las oficinas y la sala de ensayo de Filarmed estará en Palermo Cultural, un proyecto ubicado en la antigua sede del Colegio Palermo (Cra. 42 No. 8 – 00).

En este espacio la orquesta trabajará mancomunadamente con el Ballet y Cantoalegre para entregar experiencias memorables con puestas en escena únicas, composiciones musicales armoniosas y voces inspiradoras que invitan a soñar con una ciudad más unida.

“Este proyecto permitirá co-creación, trabajo en equipo y construcción de proyectos aun más grandes de los que hoy podemos imaginar”. Santiago Uribe López, presidente del Fondo Inmobiliario Colombia.

Queremos agradecer a Ruta N en el Perpetuo Socorro y al Teatro Metropolitano donde estuvieron nuestras oficinas por varios años. Y al Centro Comercial Oviedo donde llevamos a cabo hasta hace poco nuestros ensayos. Próximamente estaremos en esta sede para seguir construyendo esta historia juntos y construir la ciudad que soñamos, y seguiremos circulando y haciendo conciertos en Oviedo, en el Teatro y en toda la ciudad y el Departamento.

¡Bienvenidos a nuestra nueva sede!

Próximamente presentaremos la programación de ensayos abiertos para todo el público.

 

María Catalina Prieto Vásquez asume la dirección ejecutiva de Filarmed

Prieto, que viene de desempeñarse como subdirectora de programación artística, fue designada por el Consejo Directivo de Filarmed para dar continuidad al trabajo que se viene adelantando.

La músico y máster en administración de empresas e instituciones culturales, María Catalina Prieto es la nueva directora ejecutiva de la Orquesta Filarmónica de Medellín, organización a la que está vinculada desde hace cuatro años. El Consejo Directivo de la organización llevó a cabo un proceso de selección exigente con importantes gestores culturales del país y la subdirectora de programación artística fue elegida para seguir el proceso de implementación de los planes estratégico y artístico.

Al empezar hoy sus funciones, María Catalina tiene claros diversos proyectos que serán los objetivos de su administración. “Seguir avanzando en la dirección que nos hemos trazado en los años recientes, bajo la dirección de Ana Cristina Abad, fortalecernos artísticamente y como agentes de transformación social”, define su objetivo.

Retos

Sostenibilidad de la orquesta

El primero, consolidar el modelo sostenible de la Orquesta para su permanencia en el tiempo, que pueda ser replicado entre orquestas existentes y en las que a futuro van a surgir, así se podrá garantizar el fortalecimiento de un movimiento musical seguro y solvente en Colombia. “Tenemos la responsabilidad y el potencial de convertir este modelo no solo en un referente nacional sino a nivel de Latinoamérica”, explica María Catalina.

Director titular y sede para Filarmed

La selección del director titular de la orquesta ya está en proceso. El elegido, con su batuta, fortalecerá la calidad artística de la orquesta, y de la mano con la dirección ejecutiva potenciará los procesos educativos y sociales. “Es una misión de la Orquesta y su titular darle visibilidad al talento nacional a través de sus directores, solistas, y compositores”, afirma María Catalina.

Uno de sus retos más importantes será concretar el proceso de consecución de una sede para las labores musicales y administrativas, sueño histórico de la organización en el cual la administración de Ana Cristina Abad puso especial empeño.

Innovación

Diseñar nuevos productos que involucren otro tipo de disciplinas, no solamente de la música sinfónica. “Las orquestas llevan muchos años trabajando de la misma manera. Si algo aprendimos de la pandemia, es lograr diversas formas de posicionamiento y cautivar nuevas audiencias a través de la optimización de las redes sociales, la creación de productos híbridos digitales y la implementación de realidad virtual”. explica la nueva directora ejecutiva.

Formación y emprendimiento

La línea de formación ha crecido de manera sólida, María Catalina espera poder fortalecer la educación musical en más zonas rurales y municipios. Actualmente en este programa entran en contacto con la orquesta cerca de 10.000 niños de varios municipios al año, y 750 participan de manera constante en programas de iniciación musical y en práctica orquestal, en Santa Fé de Antioquia, San Jerónimo, La Ceja, Apartadó, Turbo, Carepa y Chigorodó.

Otro reto es impulsar la línea de emprendimiento para permitir a los músicos de Filarmed y los recién egresados de las cuarenta y tres facultades de música del país, tener otras experiencias laborales. Es decir, abrir el panorama ocupacional que existe alrededor de la música sinfónica para desarrollar nuevas habilidades complementarias a su ejercicio profesional.

Su perfil

María Catalina Prieto es músico, máster en administración de empresas e instituciones culturales, especialista en RSE y políticas culturales con amplia experiencia en el sector sinfónico y de cooperación internacional. Ha trabajado en diferentes organizaciones públicas y privadas donde ha logrado diseñar y poner en marcha un sinnúmero de programas y proyectos orientados a la democratización de la música sinfónica y a la formación musical en condiciones de proximidad. En los últimos años se ha dedicado a fomentar la transformación del modelo de gestión de las organizaciones culturales de manera que puedan ser relevantes y sostenibles en el tiempo.

Ha trabajado por más de 15 años en el desarrollo de la música sinfónica y la implementación de un modelo de gestión sostenible para diversas organizaciones públicas y privadas como la Orquesta Filarmónica de Bogotá, la Embajada de Estados Unidos y el Centro Internacional para la música coral, entre otras.

Recientemente fue seleccionada como fellow de DeVos Institute of Arts Management (Estados Unidos), uno de los programas para ejecutivos y directivos del sector de las artes más importantes del mundo. Junto a otros cinco profesionales de Estados Unidos, Canadá y Singapur, escogidos entre más de 300 de todo el mundo, recibirá, por tres años, la tutoría de líderes mundiales en gestión cultural.

 

 

Master Pedro’s Puppet Show, by Manuel de Falla

An entertaining opera in Spanish

Come, come and behold, your graces!
Be seated…

As Don Quixote gallops along the trail on his steed Rocinante, he finds puppet theater run by puppeteer Master Pedro and his helper Trujamán…

Join Don Quixote in this quest and see how the story ends

“We will find a work divided in three contexts. First, there’s the story as told by the singers, which is that of Don Quixote finding the traveling puppet show. Then there’s the context of the puppet theater itself, where a combination of animation and two-dimensional puppets tells the story of Melisendra, who is held captive. Lastly, we have the orchestra, which narrates and uses music to depict the actions that take place both in the puppet theater and in real life.” explains conductor Alejandro Roca.

Manuel de Falla’s Master Pedro’s Puppet Show is the first opera production by Orquesta Filarmónica de Medellín, and it’s the first time it will be performed in Colombia. The production will arrive to the stage under the baton of maestro Alejandro Roca and scenic direction of Pedro Salazar, with tenor Christian Correa (Maese Pedro), mezzo soprano Laura Mosquera (Trujamán), baritone Nelson Sierra (Don Quijote) and scenographer Pablo Castillo.

Master Pedro’s Puppet Show is presented by the Filarmed-Comfama partnership, with support from the Embassy of Spain in Colombia, and broadcasted from the Teatro Universidad de Medellín.

The work

Master Pedro’s Puppet Theater is an opera in Spanish, written by Manuel de Falla for three singers and puppets. Its libretto was inspired by a scene from Don Quixote. The work was written to be performed at the private concerts and private performances held by the princess of Polignac, to whom the work is dedicated along with Miguel de Cervantes, author of Don Quixote.

This work gathers scenes from chapters XXV and XXVI of the second part of Don Quixote, where the puppetmaster, Maese Pedro, appears and tells the story of Melisendra, the wife of Don Gaiferos, who was being held captive by king Marsilio. When she is rescued by her husband, they are chased by the moors, and Don Quixote, confusing reality and imagination, intervenes to save the fugitive puppets.

Opera, music and puppets

Manuel de Falla considered puppet theatre to be the ideal medium to stage his innovative ideas because of its popular appeal and its comical aspects, and above all, for its artificial characters, which offered expressive possibilities beyond human representation. “For many years, human beings have experienced the need to express themselves and represent the world through figures made of cardboard, wool or wood, in order to transcend reality in a ludic and figurative way. Using puppets and marionettes constitutes an artform as ancient as civilization itself, because they have been used to represent the most profound and superfluous aspects of individuals and society”.  Folklore magazine

Scenographer Pablo Castillo, says he designed the scene and costumes in the style of 20th century Medellín. “The puppet theatre is a representation of the now-gone Teatro Bolívar, which was demolished in 1954. The Bolivar was the main theater in Medellín and was the stage where many ballet and theatre companies, and soloists performed. Beyond a journey to the past, this is a reflection on our present and future.” Pablo explains.

¿Who was really Maese Pedro?

He was a thief, a fugitive, one of Don Quixote’s most puzzling characters. One more reason to approach this musical version of one of the most entertaining stories that Cervantes wrote in Don Quixote.

“Don Quixote lives in us, in our culture and hispanic identity. We can even see these characters walking our streets. Further, it’s a work in Spanish by Manuel De Falla, that proposes a unique and approachable musical universe. Pedro Salazar, stage director.

The cast

Christian Correa (Maese Pedro)

  • Second prize and an honorable mention to the best tenor at the XXII Concurso Internacional de Canto Lírico Ciudad de Trujillo, Perú (2019)
  • First prize in the excellence category of the Concurso Nacional de Canto Orquesta Filarmónica de Bogotá (2019)
  • Received a scholarship from Fundación Carolina to pursue his master’s at the Conservatorio del Liceu in Barcelona.
  • Has performed with Ópera de Colombia, Ópera Civil and Festival de Ópera al Parque, among others.

Nelson Sierra (Don Quijote de la Mancha)

  • Graduated from the Universidad de Antioquia
  • Had his Canadian debut at Opera Ontario, where he is a member of The Canadian Actors Equity Association. Has participated in productions like como Il Barbiere di Siviglia, Carmen and La Traviata, among others.
  • Has performed in concerts organized by the Embassy of Colombia in Nowrawy, Turkey, and Egypt.

Laura Mosquera (Trujamán) 

  • Soloist with Hamburg Symphony, Colombia’s National Symphony, Sinfónica EAFIT and Fundación Prolírica de Antioquia, among others.
  • Has performed as soloist at Teatro Metropolitano and Belgium’s Royal Library.
  • Has played roles like Bradamante inn Alcina and Margot in the zarzuela La Leyenda del Beso; and Mons in the recreation of baroque opera Le
  • Retour des Plaisirs, staged by acclaimed director de Guy van Waas, entre otras.

Alejandro Roca, director musical

  • Une of the country’s leading opera figures.
  • Has conducted the production of Sorozábal’s Black el payaso, with Colombia’s National Symphony (2015), Mozart’s Bastien und Bastienne and Der Schauspieldirektor, de Mozart, with the National Opera, and the Bogota Symphony, Britten’s Midsummer Night’s Dream, with Bogota’s Youth Philharmonic, Rossini’s La Cambiale di Matrimonio, Roig’s zarzuela Cecilia Valdés, and Bernstein’s Candide, de Bernstein, among others.
  • Has collaborated with conductors like Gustavo Dudamel, Rinaldo Alessandrini, Andrés Orozco-Estrada, Hilary Griffiths, Patrick Fournillier, and Miguel Roa.

“Maese Pedro’s Puppet Theater is a great way to approach the opera for Hispanic audiences. Firstly, because of the language and the fact that it’s only 30 minutes long. Also, because it’s based on one of the episodes in Don Quixote, a pillar of Spanish languaje literature. This entertaining performance is a fantastic way to connect with literature, opera and our language.” Alejandro Roca, conductor.

Sunday, June 13th
11:00 a. m.
La Tiquetera View

Tickets: $ 9.00 USD approx. (price subject to exchange rate)
Purchase your tickets at: https://latiquetera.com/evento/opera-infantil-el-retablo-de-maese-pedro

El elenco de Maese Pedro

El Retablo de Maese Pedro, de Manuel de Falla, es la primera producción de ópera de la Orquesta Filarmónica de Medellín y se presenta en estreno en Colombia. Llega al escenario bajo la dirección musical del maestro Alejandro Roca y la dirección escénica de Pedro Salazar, y la participación del tenor Christian Correa (Maese Pedro), la mezzosoprano Laura Mosquera (Trujamán), el barítono Nelson Sierra (Don Quijote) y el escenógrafo Pablo Castillo.

El tenor Christian Correa, quien personificará a Maese Pedro, ganó el segundo premio y mención al mejor tenor en el XXII Concurso Internacional de Canto Lírico Ciudad de Trujillo, Perú (2019) y Primer premio Categoría Excelencia (2019) del Concurso Nacional de Canto Orquesta Filarmónica de Bogotá, entre otros. Además, ha sido becario de la Fundación Carolina para continuar sus estudios de posgrado en el conservatorio del Liceu de Barcelona. Ha cantado con la Ópera de Colombia, Ópera Civil y Festival de Ópera al Parque, entre otros.

El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, será personificado por el barítono Nelson Sierra, quien es licenciado en Canto de la Universidad de Antioquia y ha debutado en Canadá con Opera Ontario y es miembro de The Canadian Actors Equity Association. Ha participado en producciones como El Barbero de Sevilla, Carmen y La Traviata, entre otras. Además ha realizado conciertos para las embajadas de Colombia en Oslo (Noruega), Ankara (Turquía) y Alejandría y el Cairo (Egipto).

Trujamán, es ayudante de Maese Pedro e invita a los transeúntes y a Don Quijote a disfrutar del teatrino. Este papel lo hará la mezzosoprano Laura Mosquera, quien ha participado como solista en montajes de las orquestas Sinfónica de Hamburgo, Sinfónica Nacional de Colombia, Sinfónica EAFIT y Fundación Prolírica de Antioquia, entre otras, y ha actuado en escenarios como el Teatro Metropolitano y la Biblioteca Real de Bélgica, entre otros. Además, interpretó los roles de Bradamante en Alcina y Margot en la Zarzuela La Leyenda del Beso; y Mons en la recreación de la ópera Barroca Le Retour des Plaisirs a cargo del reconocido director de Guy van Waas, entre otras. Actualmente se desempeña como docente de canto en las universidades de Antioquia y EAFIT.

Alejandro Roca, director musical
Es uno de los protagonistas de la escena lírica en Colombia. Su entusiasmo e interés por el repertorio vocal le han llevado a promover y participar en los proyectos más importantes de este campo en el país en la última década.

Roca ha sido director musical en diversas producciones: Black el payaso, de Sorozábal, con la Orquesta Sinfónica Nacional de Colombia (2015), Bastien und Bastienne y Der Schauspieldirektor, de Mozart, junto a la Ópera de Colombia y la Orquesta Sinfónica de Bogotá (FOSBO, 2015), la ópera Midsummer Night’s Dream, de Britten, con la Orquesta Filarmónica Juvenil de Bogotá (2016, estreno nacional); la ópera La Cambiale di Matrimonio, de Rossini, junto a la Ópera de Colombia y la Orquesta Filarmónica Juvenil de Cámara de Bogotá (2016); la zarzuela Cecilia Valdés, de Roig, con las orquestas Sinfónica Nacional de Colombia y Filarmónica de Cali (2017) y la opereta Candide, de Bernstein, con la Orquesta Filarmónica Juvenil de Bogotá (2017), estreno nacional; la zarzuela Los Gavilanes, de Guerrero, junto al Coro de la Ópera de Colombia y la Orquesta Sinfónica Nacional de Colombia (2018), la ópera La Cenerentola, de Rossini, con la Orquesta Filarmónica Juvenil de Bogotá (2018). A esto se le suman I due Figaro, de Mercadante (2016) y El gato con botas, de Montsalvatge (2017) junto a la Orquesta Sinfónica de la Universidad Central.

Por todo lo anterior, y como resultado de su colaboración a lo largo de los años con directores como Gustavo Dudamel, Rinaldo Alessandrini, Andrés Orozco-Estrada, Hilary Griffiths, Patrick Fournillier, Miguel Roa y Luiz Fernando Malheiro, entre otros, Roca suma en su repertorio vocal más de cincuenta obras de gran envergadura entre óperas y zarzuelas. Dirige desde el 2007 el Taller de ópera de la Universidad Central (Colombia) y es invitado frecuentemente a hacer parte de relevantes proyectos académicos.

Pedro Salazar, director escénico
Es director de teatro, ópera y teatro musical. Actualmente dirige el área de Artes Escénicas en la Facultad de Artes y Humanidades de la Universidad de los Andes. Para el año 2021 prepara las óperas Tosca de Puccini y El Castillo de Barba Azul de Bartók.

Dirigió para la Ópera de Colombia El Barbero de Sevilla de Rossini (Teatro Mayor, 2019), La bohème de Puccini (Teatro de Bellas Artes, 2012), y Don Pasquale de Donizetti (Teatro Jorge Eliécer Gaitán, 2011). En el ámbito del teatro musical dirigió el nuevo musical original basado en la música del divo de Juárez, Así fue (Teatro Cafam, 2020), además de María Barilla de Gómez (XII Festival Iberoamericano de Teatro de Bogotá, 2012), entre otras.

En 2008 da inicio a la Fundación La Compañía Estable, entidad con la que ha trabajado en el doble rol de productor y director en algunos títulos como: Florencia en el Amazonas – ópera de Catán, Macbeth de Shakespeare (Teatro Colón, 2016-17,19, Festival de Teatro Clásico de Almagro, España, 2018), Los vecinos de arriba de Cesc Gay (Teatro Nacional, 2018-19) y La flauta mágica de W.A. Mozart, entre otros. Además, su trabajo en teatro incluye también las obras Entretelones (Noises Off) de Michel Frayn (Teatro Nacional, 2015), No sé si cortarme la venas o dejármelas largas de Manolo Caro (Teatro Nacional, 2013-14) y La verdad sospechosa de Juan Ruiz de Alarcón (Repertorio Español, Nueva York, 2011), entre otras.

Como docente ha trabajado en Universidad de los Andes (actualmente), Universidad Central/ Teatro Libre, La Escuela de la Casa del Teatro Nacional, Purchase College (New York) y Rutgers University (New Jersey).

Pablo Castillo, escenógrafo
Arquitecto de la Universidad de los Andes (Bogotá) y magíster en procesos urbanos y ambientales de la Universidad EAFIT. Ha trabajado como arquitecto en proyectos residenciales, comerciales e institucionales. También ha trabajado en divulgación y recuperación de patrimonio arquitectónico en Bogotá y en Antioquia. Ha sido asistente del escenógrafo español Alfons Flores, en varias producciones de ópera y teatro en Europa, bajo la dirección de Calixto Bieito y Alex Ollé de La Fura dels Baus.

“El Retablo de Maese Pedro, es un buen acercamiento a la ópera, primero porque es en español y tiene una duración aproximada de treinta minutos; además está basada en uno de los episodios de Don Quijote, novela pilar de la literatura española. Esta divertida presentación es una forma ideal de relacionarnos con la literatura, la ópera y nuestra lengua”. Alejandro Roca, director musical

¿Cuándo?
Domingo 13 de junio
Hora
11:00 a. m.
Canal
La Tiquetera View

Boletería:
Afiliados Comfama
Tarifa A: $8.000
Tarifa B: $11.000
Tarifa C: $28.000

No afiliados: $30.000

El Retablo de Maese Pedro, de Manuel de Falla

¡Vengan, vengan a ver vuesas mercedes…!
Siéntense todos…

Don Quijote, que recorría los caminos a lomos de Rocinante, encuentra un teatro de marionetas ofrecido por el titiritero Maese Pedro y su ayudante Trujamán…

¡Descubre el desenlace de la historia en esta función!

“Nos vamos a encontrar con la obra en tres planos. Primero la historia contada por los cantantes, que es la de Don Quijote que se encuentra un teatro ambulante, luego la escena en el teatrino, con una mezcla de animación y títeres en dos dimensiones que cuenta la historia de Melisendra a quien tienen cautiva por amor, y por último, el plano orquestal, que va narrando y pintando con música las acciones que suceden tanto en el teatrino como en los cantantes”, explica Alejandro Roca, director.

El Retablo de Maese Pedro, de Manuel de Falla, es la primera producción de ópera de la Orquesta Filarmónica de Medellín y se presenta en estreno en Colombia. Llega al escenario bajo la dirección musical del maestro Alejandro Roca y la dirección escénica de Pedro Salazar, y la participación del tenor Christian Correa (Maese Pedro), la mezzosoprano Laura Mosquera (Trujamán), el barítono Nelson Sierra (Don Quijote) y el escenógrafo Pablo Castillo.

El Retablo de Maese Pedro es presentado por la Alianza Filarmed-Comfama, con el apoyo de la Embajada de España en Colombia, desde el Teatro Universidad de Medellín.

La obra

El Retablo de Maese Pedro es una ópera en español para marionetas de cartón y tres cantantes de Manuel de Falla, con libreto inspirado en un episodio del Quijote. La obra fue compuesta para ser interpretada en los conciertos y representaciones privadas que ofrecía en París la Princesa de Polignac a quien está dedicada, compartiendo dedicatoria junto a Miguel de Cervantes por el autor, Manuel de Falla.

Se recogen en esta obra los capítulos XXV y XXVI de la segunda parte de Don Quijote de la Mancha, en que aparece el titiritero Maese Pedro y donde se cuenta la historia de Melisendra, esposa de don Gaiferos, a quien tenía cautiva el rey Marsilio. Cuando su marido la rescata, son perseguidos por los moros. Y Don Quijote, que confunde la realidad con la imaginación, termina por intervenir para ayudar a las marionetas fugitivas.

Ópera, música y marionetas

Manuel de Falla consideraba el teatro de títeres un medio idóneo para propagar sus ideas innovadoras, tanto por su carácter popular como por sus aspectos cómicos y, sobre todo, por sus actores artificiales que ofrecían las posibilidades de expresarse más allá de la representación humana. “Desde hace muchos siglos, los seres humanos han experimentado la necesidad de expresarse y representar el mundo a través de figuras hechas con cartón, lanas o madera, es decir, trascender la realidad de forma imaginativa y lúdica. El empleo de marionetas y títeres constituye un arte tan antiguo como la civilización, ya que han sido utilizados para reflejar los aspectos más profundos y más superfluos de los individuos y la sociedad”. Revista de Folklore. La influencia de “El Quijote” en la obra de Manuel de Falla.

El escenógrafo Pablo Castillo, cuenta que ambientó la escena y el vestuario de los personajes en la Medellín del siglo XX. “Representé el teatrino en el ausente Teatro Bolívar, demolido en 1954. El Bolívar fue el principal teatro de Medellín y fue escenario de afamadas compañías de artistas de teatro, ballet y concertistas. Más que un viaje al pasado es una reflexión sobre nuestro presente y futuro”, explica Pablo.

¿Quién era en realidad Maese Pedro?

Se trata de un pícaro, un fugitivo, uno de los personajes más misteriosos del Quijote. Una razón más para acercarse a esta versión musical de una de las historias más entretenidas que escribió Cervantes en Don Quijote.

“El Quijote vive en nosotros, en nuestra cultura e hispanidad. Hasta podemos ver el espíritu de estos personajes caminando por nuestras calles. Además es una ópera en español de Manuel de Falla, que propone un universo musical único y cercano a nosotros. A pesar de ser tan corta, es un reto musical y escénico. Una joya pequeña pero preciosa”. Pedro Salazar, director escénico

¿Cuándo?
Domingo 13 de junio
Hora
11:00 a. m.
Canal
La Tiquetera View

Boletería:
Afiliados Comfama
Tarifa A: $8.000
Tarifa B: $11.000
Tarifa C: $28.000

No afiliados: $30.000

Filarmed, a aprender con los mejores

Filarmed, a aprender con los mejores

María Catalina Prieto Vásquez, directora ejecutiva de la Orquesta Filarmónica de Medellín, ha sido seleccionada como fellow de DeVos Institute of Arts Management (Estados Unidos), uno de los programas para ejecutivos y directivos del sector de las artes más importantes del mundo. Junto a otros cinco profesionales de Estados Unidos, Canadá y Singapur, escogidos de más de 300 de todo el mundo, recibirá, por tres años, la tutoría de líderes mundiales en gestión cultural.

“Como representante de la Orquesta Filarmónica de Medellín, en DeVos Institute, tendré la oportunidad de liderar un aprendizaje de ‘360 grados’ para fortalecer el modelo de gestión de Filarmed, que apuntará a su sostenibilidad y permanencia en el tiempo, y además servirá como modelo a seguir no solo en la ciudad sino en Colombia”, explica María Catalina.

Prieto ha trabajado por más de 15 años en el desarrollo de la música sinfónica y la implementación de un modelo de gestión sostenible para diversas organizaciones públicas y privadas como la Orquesta Filarmónica de Bogotá, la Embajada de Estados Unidos y el Centro Internacional para la música coral, entre otras.

El fellowship de DeVos Institute, en Washington, se desarrolla en temas como marketing cultural, planeación estratégica, gobernanza y consecución eficiente de recursos para fortalecer la gestión de las organizaciones culturales.

Sostenibilidad para las orquestas en Colombia

En el país la financiación y gestión de entidades culturales es muy difícil, pues la bolsa para apalancar la cultura es finita. Poder desarrollar un modelo sostenible y viable para las orquestas privadas, como lo implementan la mayoría en Estados Unidos, será beneficioso para los músicos colombianos que no tienen oportunidades de desarrollar su profesión.

En Colombia tenemos alrededor de 43 pregrados en música y cada semestre se gradúan muchos estudiantes, pero las ofertas laborales son limitadas porque sólo contamos con 7 orquestas reconocidas. “Si logramos desarrollar un modelo sostenible, que pueda ser replicado entre orquestas existentes y en las que a futuro van a surgir, podremos garantizar el fortalecimiento de un movimiento musical seguro y solvente en Colombia. Hay esperanza”, afirma María Catalina.

DeVos Institute, luz para la cultura

El programa, que nació al interior del Kennedy Center for the Performing Arts, es liderado por dos de los más grandes administradores de las artes en el mundo: Michael M. Kaiser y Brett Egan, y con quienes María Catalina tendrá el privilegio de trabajar durante tres años consecutivos. Actualmente se desarrolla en Washington, con el auspicio de la Universidad de Maryland.

Michael M. Kaiser es conocido como “The Turnaround King” (‘Rey del cambio o de la recuperación) por su trabajo en numerosas instituciones, como la Royal Opera House de Londres, el American Ballet Theatre o el Alvin Ailey American Dance Theater, entre otros. Kaiser se ha ganado el prestigio internacional por su experiencia en la gestión cultural y por convertir viables y sostenibles en el tiempo a muchas organizaciones culturales de Estados Unidos.

El entrenamiento

Más de 300 personas de todas los rincones del mundo se inscriben para hacer parte de este programa ejecutivos de alto potencial de organizaciones con un gran impacto en sus regiones.

“A partir de 2022, serán tres años de formación, intercambios y conexiones con las organizaciones artísticas más importantes de Estados Unidos. En esta ocasión, tendré la oportunidad de ser entrenada junto con cinco líderes culturales procedentes de Singapur, Canadá y Estados Unidos”.

Además de María Catalina, el grupo de los seis fellows está compuesto por Alexis Spieldenner, co-fundadora y directora ejecutiva de Bravo Niagara! Festival of the Arts (Canadá); Emmanuel Paul Ng, manager de alianzas y desarrollo de Singapore Repertory Theatre (Singapur); Jorge Silva, director ejecutivo de The Neo-Futurists (Estados Unidos); Scott Watson, director de asuntos culturales de Ciudad de Charleston, Oficina de Asuntos Culturales (Estados Unidos) y Sydnie Liggett, directora ejecutiva de A.I.M. by Kyle Abraham (Estados Unidos).

“Me llena de orgullo abrir esta puerta al mundo a Filarmed. Para mí representa el reconocimiento más importante a la labor que he hecho por más de 15 años”. María Catalina Prieto, directora ejecutiva

En breve

María Catalina Prieto es músico, máster en administración de empresas e instituciones culturales, especialista en RSE y políticas culturales con amplia experiencia en el sector sinfónico y de cooperación internacional. Ha trabajado en diferentes organizaciones públicas y privadas donde ha logrado diseñar y poner en marcha un sinnúmero de programas y proyectos orientados a la democratización de la música sinfónica y a la formación musical en condiciones de proximidad. En los últimos años se ha dedicado a fomentar la transformación del modelo de gestión de las organizaciones culturales de manera que puedan ser relevantes y sostenibles en el tiempo.

La esencia de la percusión se encarna en Jhon Freddy Rojas

A Jhon Freddy Rojas, la sonoridad y la versatilidad rítmica de los instrumentos de la percusión le han permitido experimentar las más profundas emociones. Su pasión por la música inició a la edad de 11 años en la Escuela de Música de su pueblo, Ciudad Bolívar, con la que participó en diferentes encuentros musicales a nivel departamental, nacional e internacional. Hizo parte de las bandas sinfónicas Departamental de Antioquia (1998–2000) y de la Universidad de Antioquia (2013–2015). Hoy vive su sueño entre marimbas, timbales y tambores con la Orquesta Filarmónica de Medellín.

Ciudad Bolívar siente la música 

Ciudad Bolívar se encuentra en el Suroeste Antioqueño, y se ubica el punto más alto de la cadena montañosa conocida como los Farallones del Citará. Su  Escuela de Música nació en 1987 como un proyecto de educación y formación para niños y jóvenes, con una Banda Escuela y semilleros, composición y orquestación, entre otros. La Escuela tiene como propósito generar vínculos de paz y ser motor para el desarrollo social; además ha tenido alcance internacional, hasta el punto de ser la primera escuela de música del territorio nacional que participó en el Festival Internacional de Bandas de Valencia, España

Esta es la tierra de Jhon Fredy Rojas “Chiqui”, cuya vida está llena de música, desde que comenzó en  su escuela de música hasta su participación en la Orquesta Filarmónica de Medellín, de la que hace parte desde 2009, inicialmente como supernumerario. Jhon Fredy siempre regresa a los ríos, las montañas y los llamativos colores de las calles y casas de su municipio natal.

Lucero Vargas es la mamá no biológica de Jhon Freddy, pero también es su maestra e inspiradora, y su pasión es enseñar la percusión en la Escuela de Música de Ciudad Bolívar y Jardín, “pero además de impartir clases, toca en las bandas, coordina semilleros y hasta hace la labor de secretaria. Ella fue mi motor para estar en la música”, expresa Jhon.

Particularmente, en las escuelas de música de Antioquia, los estudiantes inician en la percusión, pero con el paso del tiempo van descubriendo su afinidad por otro tipo de instrumentos; Jhon Freddy no quiso probar con otro, la posibilidad de ritmos y la riqueza sonora de la percusión lo cautivaron desde niño y su vida desde entonces está llena de timbales, redoblantes, marimbas y más.

“Venir a Medellín desde diversos municipios y tener la oportunidad de integrar a Filarmed es un orgullo para todos los que iniciamos un camino en la música desde las escuelas, en los municipios. Cuando voy de visita a Ciudad Bolívar siempre trato de aportar, tocando con las bandas; me gusta apoyar los procesos formativos del  municipio”, cuenta el músico.

Devoción por la percusión 

Se dice que la percusión es la forma más antigua de instrumento musical. El ser humano siempre ha golpeado, raspado, sacudido o entrechocado elementos que se encontraban en la naturaleza como semillas, ramas, troncos y conchas. Con la aparición de las herramientas, las formas de los instrumentos variaron, y hoy en los conciertos encontramos el timbal, las marimbas, el vibráfono, los platillos, la pandereta, y decenas de instrumentos de percusión más.

“A los 16 años, terminé mi bachillerato en Ciudad Bolívar y decidí viajar a Medellín para realizar mis estudios profesionales en la Universidad de Antioquia, como músico instrumentista, con énfasis en percusión, bajo la orientación de los maestros Alejandro Ruiz y Roberto Gómez”, cuenta Jhon Fredy, quien actualmente se desempeña como profesor de cátedra de dicha universidad y ha participado en clases magistrales con percusionistas de talla mundial como Giovanni Hidalgo (Puerto Rico), Evelyn Glennie (Escocia) y Martin Grubinger (Austria), entre otros. Además, ha acompañado artistas como Checo Acosta, Alci Acosta, Fonseca, Fruko y sus Tesos, entre otros.

Chiqui, como apodan a Jhon Fredy Rojas en el mundo artístico, además de interpretar, es  coleccionista de percusión, en casa tiene alrededor de 50 instrumentos, algunos tan exóticos como el djembe, de procedencia africana, perteneciente a la familia de instrumentos membranófonos, y otros más autóctonos y tradicionales como las congas, el vibráfono y el redoblante.

A Chiqui, aunque estudió percusión sinfónica, siempre le cautivó el estudio de la música colombiana y latina. “La versatilidad, es una de las características que posibilita el mundo de la percusión, tengo la oportunidad de unirme a cualquier ritmo”, afirma el instrumentista, quien además cuenta que, musicalmente la percusión se ensambla fácilmente con los otros instrumentos. Él lo hace frecuentemente con los vientos-metal de Filarmed, con quienes logran sonoridades fuertes y brillantes. 

Jhon Fredy, a quien le apasiona ser profesor y músico al mismo tiempo, disfruta tanto la música académica como los géneros populares. Recuerda con emoción interpretar la Sinfonía N° 3 en Re menor de Gustav Mahler, una obra dedicada a la naturaleza, bajo la dirección del maestro Francisco Rettig. Y del repertorio popular siempre le emociona interpretar Me Llevarás en Ti, un popular pasillo de Jorge Villamil.

Lo que viene

Tras 10 años como supernumerario, en 2019 pasó a integrar la planta orquestal de Filarmed. Ese fue un sueño cumplido. Ahora, tiene entre sus siguientes metas adquirir una marimba para completar su colección de instrumentos en casa, y empezar la maestría en música en la Universidad EAFIT bajo la tutoría de Daniel Mejía, su compañero de fila en la orquesta.

Los silencios de Natalia Valencia

En sus últimos años, la Orquesta Filarmónica de Medellín ha hecho un esfuerzo extraordinario por sacar los violonchelos y clarinetes del esmokinado gueto de la música clásica. Eso incluye experiencias musicales y audiovisuales de todo tipo. En una de ellas, la directora de cine Laura Mora, la compositora Natalia Valencia y el Coro Reconciliación se unieron para rendirles un homenaje a las víctimas de la guerra, un trabajo que busca darles nombre a tantos silenciados.

 

Por Simón Murillo Melo

Fotografías: cortesía Orquesta Filarmónica de Medellín

Hace algunos años, alguien empezó a hacer música. No había escritura y no se vivía mucho, pero algunas canciones probablemente sobrevivieron varias generaciones y así se fue formando una primera historia del mundo, a través de cuentos que fueron canciones o de canciones que fueron cuentos. Otro alguien se dio cuenta de que con un poco de dirección, dos o tres o cuatro o veinte pueden provocar algo que no lo hace uno solo.

Con el tiempo el mundo se transformó a nuestra medida. La escritura permitió el avance de los imperios y el legado de la música. Hubo reyes, administradores, soldados, patronos, universidades, músicos profesionales. Las orquestas de Haydn y de Beethoven probaron ser exitosas para cientos de oídos y se convirtieron en un producto de exportación. En Manaos hicieron una sala de ópera después de tumbar mucha selva y de matar a muchos. En la película, Fitzcarraldo sube un barco por una montaña porque quiere escuchar la voz de Caruso en Iquitos; en Auschwitz hubo una orquesta de mujeres para amenizar las labores del campo.

En Medellín hay muchas orquestas y la mayor de ellas es la Filarmónica de Medellín, Filarmed. Empezó hace 37 años en el garaje de Alberto Correa, un médico que pasó por el seminario y descubrió que amaba los cantos gregorianos. Hoy son 65 músicos, más los directores de orquesta y un amplio equipo administrativo. Semejante andamiaje requiere, por supuesto, de un montón de dinero. Pero como alguien se dio cuenta hace tiempo, la música solo existe si hay quien pueda escucharla. Más aún, las filarmónicas se construyen a base de un ritual que es tan social como artístico. El toque de la Filarmónica reúne a aficionados, políticos, empresarios que pagan por estar juntos y escuchar algo. O por lo menos, eso era antes de que la pandemia los escondiera.

El año pasado, la Filarmónica esperaba continuar su esfuerzo de varios años por salir de los grandes teatros y expandirse por la ciudad. Y a pesar de que conseguir plata fue dificilísimo, hicieron muchas cosas, algunas placenteramente improbables. En El Sinaí, el barrio que le dio la excusa a la alcaldía para usar la policía montada y el ejército, hicieron conciertos para oyentes enclaustrados a la fuerza y después montaron una serie de talleres; también hicieron conciertos de cámara afuera de los hospitales y hasta cursos vía Whatsapp con estudiantes en Urabá; transmitieron conciertos para el mercado global, una estrategia copiada en el planeta entero. Los músicos acostumbrados a sus audiencias locales se encontraron compitiendo con el todopoderoso establecimiento alemán, gringo e inglés. Los ya pobres ingresos que dejaba la boletería fueron reemplazados por nada en el streaming. Desamparada, la Filarmónica siguió.

Sus músicos montaron charlas virtuales con el público en la intimidad del hogar. El concertino Gonzalo Ospina entrevistó a una experta en musicoterapia, preparó una feijoada mientras hablaba de música brasileña e hizo un misterioso molde de pollo fosforito. Habló de música con Brigitte Baptiste y Andrea Echeverri y dictó un curso de música alrededor del boom latinoamericano.

Se hicieron virales por tocar afuera de hospitales y por un desafortunado solo de trompeta dentro de un avión de pasajeros. Se presentaron virtualmente en parques naturales, en una sucesión de inquietantes vídeos que solapan músicos virtuales sobre paisajes estáticos. En ellos parece como si el terror de la pandemia y sus distancias impuestas se hubieran tomado los ecosistemas que quedan.

También exploraron lo inmediato: una serie de conciertos en las Unidades de Vida Articuladas (UVA) buscó arrastrar la vía láctea a Manrique, Itagüí, Castilla; una pantalla de fondo que exhibía planetas, cometas, llamas solares y la expansión inexorable del universo acompañaba la presentación de una orquesta de cámara en vivo. En un año en que salir de la casa se convirtió en una aventura, escuchar a Haendel junto a una audiencia de vecinos entapabocados es un tipo de comunión que parece ya muy lejana. Tocaron virtualmente con Pala y Pedro Guerra, hicieron sesiones de música para planchar –Amanda Miguel, José José y Roberto Carlos en los instrumentos de Beethoven–, animaron cuentos infantiles y musicalizaron en vivo un documental de Juan Fernando Ospina sobre la pandemia en Medellín.

Voces de la memoria

A pesar de lo anterior, quizás el proyecto más interesante de Filarmed es el Coro Reconciliación, un esfuerzo conjunto entre la orquesta, una profesora de canto y quince coristas, que cuenta con la participación de algunos firmantes del Acuerdo de Paz y víctimas de la guerra. Aunque el año pasado fue difícil –varios de sus integrantes abandonaron la ciudad en búsqueda de trabajo recogiendo café y otros más en una mina en el Chocó–  se siguen encontrando virtualmente cada semana para cantar. No se habla del pasado, sino de las posibilidades del futuro. Marcela Correa, la directora, me dijo que el canto no es una facultad de la voz; es una de todo el cuerpo. Un grupo que ha afrontado la guerra cantando juntos a través de una pantalla, no pensando en las cuerdas vocales, sino en la esencia primaria de querer y poder decir algo. La pandemia ha separado orquestas, pero en un coro que canta a solas sobrevive todavía la extrañeza de ser escuchado.

Justamente, esta experiencia reunió a la directora de cine Laura Mora, la compositora Natalia Valencia y el Coro Reconciliación para un poderoso video titulado con timidez Homenaje a las víctimas, en blanco y negro, de apenas diecisiete minutos, repleto de cuerdas escalofriantes, una sucesión de rostros mudos y una única voz al final.

El Homenaje a las víctimas se ve a los miembros del coro sosteniendo pizarras. Los planos cambian ligeramente pero la imagen es casi idéntica: un rostro con un cartel, una y otra vez. La cámara se aleja, se acerca, las puertas, pasillos y ventanas del fondo se convierten en otras puertas, pasillos y ventanas; a veces la cámara persigue a una mujer de trenza gris, a veces cada corista parece un fantasma parado en la larguísima recepción de otra vida. El espectador se acostumbra a los rostros —una mujer de largo pelo negro, otra de labios alargados y cejas pintadas, dos hombres con un bastón, un niño— y, a la vez, porque la letra blanca de cada pizarra siempre está cambiando, nunca sabemos quién es quién.

Las pizarras solo contienen un nombre y una fecha: “Jorge Ortiz 16-06-2020 Barranco de Loba”; así aparecen también Pedro Yunda de Belén de los Andaquíes y Emilio Dauqui de Buenos Aires, uno con el 12-02 y otro con el 15-02, Eliécer y Felipe Gañán, ambos de Supía, ambos en el 04-02, Deiro Alexánder Pérez de Barbacoas en el 06-05, Gildardo Achicué de Toribío en el 19-04, Amparo Guejia el 10-01 en Caloto. Y así hasta que por la cámara pasan 236 nombres, algunos separados por unos pocos días, otros en un mismo día y con el mismo apellido, en Toribío, en Barbacoas, en Bogotá y en Santa Marta. Pueblos, ciudades, nombres y apellidos, una y otra vez.

Las cuerdas tiemblan como gritos imposibles, y los momentos de reposo, el tintineo ocasional de una campana, solo sirven para anunciar otro ataque. Varias notas son tocadas a la vez en la misma altura y el efecto resultante es una especie de brutalismo musical: sonidos comprimidos como el concreto; los pequeños espacios para respirar solo excusan el aumento de una tensión que parece que jamás fuese a liberarse. Después de doce minutos, el silencio lo suspende todo y llega una voz blanca, la voz de un niño. Luego vuelve el silencio, que es roto por un piano. El concreto se transforma en una marcha funeral hasta que los pasillos quedan solos, y en vez de letras solo queda una silla vacía.

El cine es de fantasmas, me dijo Mora. Las 236 bocanadas de silencio son sostenidas por muchos que no son ellos, ni se parecen. El video prefigura otro en el que los 260 mil nombres que ha dejado la guerra en Colombia se acumulan uno sobre otro, letras que sustituyen nombres, nombres que reemplazan cuerpos.

Sea Mozart componiendo para los nobles en el apogeo de la dinastía de los Habsburgo, o Beethoven componiendo para Napoleón y la prometida liberación de dinastías como los Habsburgo, o Penderecki y Pärt intentando musicalizar el terror del siglo XX, la “música clásica” carga con una nutrida tradición explícitamente política. Una obra de Natalia Valencia, 1987, parte de una anterior composición también suya, Réquiem, con la que se graduó de Eafit —Valencia fue la primera mujer en Antioquia en graduarse de composición— y que la Filarmónica tocó por primera vez en el 2007 —Valencia fue la primera compositora en Antioquia interpretada por una gran orquesta—, en el marco de la conmemoración de los veinte años del oscuro 1987. Filarmed le propuso que adaptara la pieza y ella aceptó.

Componer para vivir

Natalia Valencia es una mujer cuidadosa, pálida, de ojos extraños y hermosos y voz clara. Aunque su trabajo es dolorosamente político, durante mucho tiempo le rehuyó a la literalidad. “La contemplación vive en mí; a veces me pierdo en observar cosas que me evocan asombro y belleza: que un pájaro vuele, que una hormiga pueda cargar con su propio peso. Para mí es más importante escuchar que hablar: ¡por eso tenemos dos orejas y una sola boca!”. Ese respeto por el mundo se conjuga con una reticencia de hablar en primera persona. “Poner un título me daba mucha dificultad, porque ahí estaba siendo literal. Después de muchos años me he dado cuenta de que he tenido o que tengo una grave dificultad en mostrarme, en ser el centro de atención, en expresarme. Creo que he cargado mucho miedo en mi vida. Y la forma que he tenido para decir sin decir ha sido la música”. Y si Réquiem remite a un duelo anónimo, los cuatro dígitos de 1987 centran el horror en la intimidad de Valencia.

Ese año, un escuadrón, al parecer liderado por el propio Carlos Castaño, arremetió en un campero contra el garaje de la casa de Valencia, aproximadamente a las seis de la mañana. Le dieron cerca de cuarenta disparos a su papá, el senador de la Unión Patriótica Pedro Luis Valencia. Natalia tenía diez años, su hermano ocho. Ella vio a su papá aguantar los tiros antes de caer muerto en el suelo de la casa.

Pedro Luis era médico y daba clases en la Facultad de Medicina de la Universidad de Antioquia. Había militado en el Partido Comunista durante muchos años hasta que se lanzó como suplente en la lista de la Unión Patriótica. Como la mayoría de izquierda de su generación, estaba acostumbrado al acoso de las autoridades, a las amenazas. En 1980, los militares lo encarcelaron gracias al Estatuto de Seguridad y cuando salió libre —Jesús María Valle fue su abogado— la cabeza de la Cuarta Brigada y posterior comandante de las fuerzas armadas, Harold Bedoya, le dijo: “Usted sale en este momento, pero usted se muere”. Valle, que denunció públicamente a Álvaro Uribe por vínculos con el paramilitarismo, sería asesinado años después. La justicia involucraría a Bedoya en el asesinato de Jaime Garzón, entre otros crímenes, y moriría en libertad.

El asesinato de Pedro Luis Valencia estuvo antecedido de meses de acosos y amenazas que no se suspendieron después de su muerte. Un hombre desconocido fue hasta la casa donde Natalia, junto a su mamá y hermano, se escondían, a preguntar por la familia, luego se montó en un carro policial a la vuelta de la cuadra. Como Pedro Luis Valencia, se estima que otros 4152 militantes de la Unión Patriótica fueron asesinados, desaparecidos o secuestrados por paramilitares y agentes del Estado en el genocidio político más cruento del hemisferio occidental. La extensión de la catástrofe de la familia Valencia, al igual que la de los otros más de cuatro mil militantes de la UP víctimas de crímenes, no es fácil de comprender, como tampoco lo es la de los cientos de hoy. A Natalia le partió la vida en dos: “Aún hoy me da muchísima dificultad hablar del asesinato de mi papá. Pero sobre todo me da muchísima dificultad hablar del asesinato de mi papá en singular. Pensarlo como lo que me pasó solo a mí o lo que le pasó a mi familia. Eso nos pasó a muchos, a muchos”.

Valencia había empezado a estudiar clarinete algunos años antes de la muerte de su padre. “Siempre me contaron que cuando estaba muy chiquita, yo le dije a mi papá: ‘Cuando sea grande quiero ser médico como tú’… y él inmediatamente me puso a estudiar música”. Después de su asesinato, la familia buscó asilo en Cuba, donde ella y su hermano entraron en el riguroso sistema de formación musical de la isla. El gobierno les dio una casa a dos cuadras de la playa y por la noche casi se alcanzaba a escuchar el rumor de las olas. En Cuba, Valencia estudió obsesivamente el clarinete y el piano; descubrió que podía ser feliz y que la sombra del asesinato la abandonaba por momentos; descubrió que no le tenía miedo a la oscuridad.

Intentó dejar el clarinete durante muchos años, aunque solo lo logró cuando ya llegaba a sus treinta. Pero siguió y siguió: “Estudiar música era tan normal como irse a dormir”. Cuando cumplió dieciocho se fue de la isla a estudiar composición a Brasil. Volvió a Medellín tres años después por su hermano menor, que estaba cada día más y más deprimido. “No podía vivir sin mi papá”. Y en un momento en que se quedó solo, dejó de hacerlo.

“Mi mejor amiga me dice: ‘Vos nunca hablás de lo que pasó’. Y me he dado cuenta de que es cierto. Ahora lo hago; no sé si con frecuencia”. Cuando volvió a Colombia era una extraña que había crecido en dos países diferentes y su lengua se movía en la intersección de ambas. Existía en medio de Sao Paulo, de La Habana, de Medellín. La sombra que devoró a su familia se extendía por el país, en Urabá, en los Montes de María, en Medellín. Castaño apareció dando explicaciones en noticieros, publicó un libro, sus sucesores controlaron el Congreso y quién sabe cuánto más. “Cada vez soy más consciente de lo atroz que fue la muerte de mi padre. Pero durante muchos años no hablaba de él. Me incomodaba que mi historia provocara un asombro que impidiese hablar”.

Escribió música para orquestas y a pesar de que dudaba de su talento, muchos reconocieron algo en ella. Publicó un estudio sobre un sonido: el aleteo de las aves al volar. Vuelo de pájaros, e hizo una obra orquestal con su investigación. Teresita Gómez tocó una pieza suya en París y Andrés Orozco dirigió una composición suya: Fanfarria a la vida y el silencio. En 2014 se convirtió en la teclista de Estados Alterados y fue profesora en la universidad de su papá. Durante un tiempo trabajó con un papel al lado del computador: “Poner todo el amor del mundo en cada nota”, e intentó esconder la rabia que la acechaba. Intentó permitirse la alegría, a pesar de que las noticias le recordaban, casi diariamente, la muerte de su papá.

Valencia no escribe sus composiciones pensando en el horror. Pero cuando las escucha después, descubre que ahí está su papá, ahí está su hermano, ahí está ella.

Laura Mora, quien es hija de un abogado asesinado por sicarios aparentemente ligados al paramilitarismo, me dijo que en Colombia todavía no se ha pensado lo que se fue, todavía menos lo que se es. Solo en 2020 se cometieron 83 masacres y el primer departamento de la lista es Antioquia. ¿Qué significa la música en un país que ha destruido tanto? ¿Es una oportunidad de sanación, el paso a una vida mejor? ¿O es la posibilidad de invocar una llamarada de dignidad entre la catástrofe? En el Homenaje a las víctimas de Valencia y Mora, no hay un intento claro de responder a ninguna pregunta; simplemente de enunciar, con la paciencia de la vida, todo lo que se ha perdido. Cuando la explosión de las cuerdas se detiene y el silencio lo rodea todo, cuando entra el niño a cantar, surge una suerte de obviedad convertida en oración. No una respuesta, no un lamento, sino algo más:

Soy hijo,

Soy todos los hijos que somos todos.

Soy tú, soy todos,

Soy hijo,

Todos somos hijos.

Mira que estoy vivo,

Mira que estoy vivo,

Mira que estoy vivo.

Soy hijo,

Soy todos los hijos,

Soy todos los hijos que somos todos.